El sicariato golpea otra vez en Bogotá
“Esta vez sicarios a plena luz del día asesinan a un narcotraficante y a su acompañante”
El reloj iba a marcar las 10 de la mañana del viernes 16 de julio, día en que se celebra el día de la virgen del Carmen, cuando en la plazoleta del barrio Pablo VI, conocida popularmente como la plazoleta de los abuelos, en la ciudad de Bogotá el sonido de los disparos con los que un sicario quitó la vida a dos personas interrumpió el transcurrir tranquilo de este lugar.
Y en medio de la incertidumbre y la preocupación se dio inicio a las diferentes versiones por parte de los habitantes del sector, pero lo cierto es que los cuerpos que yacían en el lugar pertenecían a Luis Agustín Caicedo Velandia, reconocido narcotraficante considerado uno de los invisibles, nombre que se otorgó al sector de narcos que brillaban por su forma de pasar desapercibidos ante las autoridades e incluso por figurar en ocasiones como hombres fuertes de algún sector de la economía del país, accediendo así a diferentes campos y eventos sociales que lavaban su imagen. De otra parte, su acompañante que también murió en el atentado respondía al nombre de Julio Enrique González, y al parecer era su abogado de confianza.
Y aunque las autoridades señalaron en primera instancia que el ataque sicarial obedecía a un ajuste de cuentas, aun queda muchas dudas en el ambiente y lo más importante ¿quién pudo ser el autor intelectual de este nuevo hecho criminal en la ciudad de Bogotá?, y es que Caicedo Velandia, conocido en autos como “Don Lucho” era un personaje que de acuerdo con su historial purgó una condena de 10 años en Estados Unidos por cargos de narcotráfico y lavado de activos que él mismo acepto tras ser detenido con documentos falsos en Argentina y ser trasladado a Nueva York, donde tras pagar la condena recuperó su libertad a principios del año 2019.
A pesar de haber sido un hombre que manejo grandes sumas de dinero para efectuar el lavado de activos y coordinar rutas del narcotráfico lo que hace suponer el alto grado de confianza que se le tenía en el mundo delictivo, se dice de acuerdo a los expedientes del proceso en Estados Unidos, que una vez llegó allí inició un trabajo de colaboración con las autoridades americanas para ser favorecido con una condena corta y poder conservar parte de los dineros y activos logrados durante su trabajo ilegal, lo que obviamente lo puso en la mira de aquellos a quienes el señaló en sus declaraciones, incluso al parecer estaba en la lista de testigos del proceso que se adelanta contra el capo mexicano, Joaquín Guzmán Lopera, alias “El Chapo”.
Pero también se alistaba el ex narcotraficante y ex funcionario de la Fiscalía colombiana, Luis Agustín Caicedo, a dar declaraciones ante la Corte Suprema de Justicia dentro del proceso que se adelanta contra el exrepresentante a la Cámara Gustavo Hernán Puentes, y al parecer según versiones no oficiales salpicaría a congresistas actuales que trabajan de la mano con el cartel de Sinaloa.
¿Entonces quién dio la orden?, será complicado llegarlo a saber por el poder de los enemigos que se había hecho “Don Lucho”, sin embargo, lo que queda comprobado es que en el mundo de la delincuencia siempre se cobran las traiciones y generalmente se pagan con la vida, y de otro lado queda en entredicho la seguridad de la capital colombiana, la cual en los últimos meses ha vivido ataques sicariales en zonas consideradas de alta seguridad, como el Centro de la ciudad, Centros Comerciales al norte de la capital y ahora en un tranquilo barrio vecino del ministerio de Defensa y de varios conjuntos de apartamentos donde habitan miembros de las Fuerzas Militares.
