¿A quién pertenece la Sierra Nevada de Santa Marta?
Jairo Tarazona
“Campesinos e indígenas tratan de conciliar para convivir en un territorio sagrado amenazado por la presencia humana”
En las estribaciones de la Sierra Nevada de Santa Marta, las comunidades ancestrales han convivido durante las últimas décadas con los colonos que fueron llegando y ocupando territorios deshabitados que -aparentemente- no pertenecían a nadie.
Sin embargo hoy los indígenas reclaman sus derechos y restringen el acceso a zonas que consideran vulnerables.
Las acciones de los aborígenes han ocasionado fricciones y conflictos; muchos de los habitantes de la región aledaña al Parque Tayrona están molestos porque consideran que sus derechos al trabajo, la libre circulación y la vida están siendo violados.
Surge entonces la pregunta: ¿Quiénes son los dueños de la Sierra Nevada de Santa Marta? ¿Fueron los indígenas quienes desde tiempos remotos llegaron a sus montañas y playas o fueron los colonos quienes ocuparon algunos terrenos hace unas décadas?
Tiempo atrás, los narcotraficantes encontraron allí terreno fértil para el cultivo de la marihuana, la amapola y la coca. Luego llegaron las guerrillas y los paramilitares que desplazaron a los indígenas y acabaron con parte del ecosistema.
Hoy por sentencias de la Corte Constitucional y una resolución del presidente Santos, muchos de estos terrenos han sido devueltos a los aborígenes y sus derechos prevalecen sobre los ocupantes.
El dilema ahora para el Estado, las autoridades y quienes viven en la Sierra es ¿cómo conservar uno de los lugares más biodiversos del planeta que está siendo destruido, y donde más de 20 mil campesinos, ganaderos, hacendados, pequeños y grandes empresarios tienen sus propiedades y se lucran de su entorno?
Las autoridades indígenas, haciendo uso de sus derechos, han cerrado las playas del Parque Tayrona a donde llegan miles de turistas al año, restringen el acceso a sus sitios sagrados y prohíben el paso por algunos lugares. Por eso, a instancias de Parques Nacionales, las comunidades ancestrales y los campesinos tratan de llegar a una concertación.
Emma Negrini tiene una casa en la vereda El Trompito, en la comunidad de Calabazo, donde está una de las entradas al Parque Tayrona. Cuenta que en los alrededores viven unas 20 mil personas, de las cuales unas 2 mil familias -aproximadamente 10 mil personas- derivan su sustento del turismo que llega al Parque Tayrona.
“A raíz de los cierres programados y el acceso al Pueblito, territorio ancestral de los indígenas se va a generar desempleo en la zona”, recalca Negrini.
Dice que en una mesa de concertación entre la comunidad de Calabazo y el Cabildo, con el acompañamiento de Parques Nacionales, “quedó claro que el acceso al Pueblito queda cerrado pero las cinco playas desde Pueblito hasta Boca del Saco quedan con libre acceso a los turistas para que la afectación económica no sea tan fuerte”.
Emma Negrini, quien es abogada, advierte que la restricción al turismo y otras actividades perjudica a todas las comunidades de la Sierra Nevada y de Calabozo, quienes están en los límites con el Tayrona.
Subraya que después de fenómenos como el narcotráfico y el paramilitarismo en ese territorio, los habitantes de la Sierra encontraron una actividad legal, digna y decente, como es el turismo que ingresa al parque, se baña en las playas y disfruta del paisaje y los atractivos ecológicos.
“La joya de la corona es el Pueblito, donde hay vestigio de asentamientos de culturas tradicionales indígenas y es el principal atractivo. Al estar cerrada esas actividades se ven afectadas”, reitera Negrini.
Alex Pinzón, habitante de Calabazo, tiene cultivos, ganadería y turismo. Pide que se haga viable un acuerdo con los indígenas y las autoridades porque se ha visto afectado por el cierre de caminos, de las playas y del Pueblito. “Aunque no vemos con malos ojos la protección de la Sierra Nevada, de resguardar el pulmón de oro”, señaló.
Pero, además, los habitantes de Calabazo se quejan porque una concesión cobra la entrada al Parque Tayrona y controla el acceso de quienes entran al lugar.
Karen Palencia preside la Junta Acción Comunal de la parte alta de Calabazo. Señala que están unidos los gremios que trabajan el turismo y los campesinos para llegar a unos acuerdos y revisar las medidas de la Resolución 391, que protege los derechos de los indígenas.
“Ellos van a hacer valer sus derechos constitucionales por los que han luchado por mucho tiempo, así como nosotros también vamos a llevar nuestras acciones legales para que el Gobierno nos haga partícipes y tener nuestro espacio sin dejar de lado los acuerdos logrados”, indicó Palencia.
Agrega que la taquilla de entrada al Parque Tayrona les está violando el derecho a la libertad y la propiedad privada, porque la Concesión Tayrona de la que hacen parte empresas particulares como Aviatur y la Cámara de Comercio de Santa Marta, ejercen control de la vía.
“Llega un visitante, un trabajador, tiene que reportar hacia dónde va, les hace revisiones de las pertenencias, piden cédula y algunas veces los han obligado a pagar la entrada a sabiendas que van a un predio privado”, señala Karen Palencia.
Para el Gobernador indígena José de los Santos Zauna Lima, representante de los pueblos Kogui, Arhuaco, kankuamos y wiwas, el asunto en la Sierra Nevada de Santa Marta es de supervivencia.
“Vemos con mucha preocupación en el espacio territorial que nadie está pensando sobre el agua, el aire, los derechos humanos que están apagados. Estamos sin agua en Santa Marta, sin oxígeno; bueno, sin conservación”, enfatiza José de los Santos.
Agregó que «por eso hemos empezado ejercicios; tenemos que despertar como seres humanos indígenas y no indígenas, abrir los ojos, abrir el corazón, la conciencia porque la supervivencia va a ser la Sierra.
Advierte que el cierre de las cuatro playas no es por capricho sino porque es un pensamiento universal para proteger y conservar la Sierra y también para conservar al hermano menor. “Algunos hermanos campesinos han reaccionado y eso no significa problemas sino llegar a un acuerdo de la visión campesina e indígena para lograr un trabajo conjunto frente al turismo, la protección del territorio, los derechos humanos para la convivencia y la paz del Magdalena”, sostiene el gobernador Zauna Lima.
Teru Mestre es representante del pueblo Arhuaco. Reconoce que a los campesinos también el Estado les está vulnerando sus derechos, pero advierte que a las comunidades indígenas les interesa más preservar la sierra y el agua, que el turismo que deja ganancias pasajeras.
Señala que la Sierra Nevada es una despensa hídrica ubicada en 3 departamentos que alimenta a más de 3 millones de personas con sus 36 ríos caudalosos y más de 500 microcuencas, “que los pueblos indígenas han protegido y es nuestra razón de ser ahora más con el cambio climático y el aumento de la población”.
Mestre acota que se puede convivir con los campesinos pero es necesario hacer alianzas estratégicas para conservar el agua. “La Sierra tiene unas amenazas que van en contra del agua, más de 200 solicitudes mineras, hay 200 títulos mineros que afectan el ecosistema”, subraya el líder.
Para Mestre el turismo en la Sierra Nevada no les interesa. “Es un tema que estamos hablando, no hemos llegado a ningún acuerdo, primero por principios no estamos de acuerdo con el turismo, no estamos recibiendo, ni estamos interesados en recibir recursos, nos interesa la conservación y el agua. El turismo genera ingresos momentáneos pero el agua se está acabando”.
Sin embargo, el líder Arhuaco dice que están dispuestos a llegar a un buen dialogo en torno al turismo. “Vemos con preocupación la tenencia de las tierras en esos lugares donde se hace turismo, los extranjeros están comprando predios y hoy ha hecho que el precio de la tierra para el campesino y para nosotros tenga un valor elevado”, acota Mestre.
Las comunidades indígenas y de campesinos y residentes de la Sierra Nevada se reunirán en una mesa interinstitucional el próximo 27 de abril para conciliar y lograr una concertación que les permita la convivencia, pero ante todo salvar uno de los lugares más bellos del planeta amenazado por la presencia humana.
