Transición energética y recuperación económica en Colombia pos-covid 19
«La solución, sencilla pero potente, generación distribuida aprovechando el potencial de energías renovables del país»
Por: Miguel Ángel Rodríguez B. Ingeniero electromecánico, Candidato a Magister en regulación energética. Twitter @RobernMian
Foto: Celsia
EL 2020 ha sido un año disruptivo para la humanidad, en el cual globalmente nos hemos enfrentado de cara a una pandemia, a una crisis económica, a múltiples llamados a mirarnos como iguales sin diferencias de sexo, raza o religión y por supuesto a los impactos devastadores del cambio climático. El 2020 para la humanidad es un año que debe tomarse como una segunda y última oportunidad para volver a lo esencial y reconstruir mejor, desde cero el planeta y los países que deseamos. Pero este Build Back Better (Reconstruir mejor) no solo es un llamado romántico para la humanidad, es una necesidad económica para los países que afrontan un acelerado cambio en sus economías, el ejemplo más claro es el comportamiento del petróleo.
Si en 2019, cuando el precio del West Texas Intermediate (WTI) estaba en 64 USD y los expertos decían que llegaría fácilmente a los 80 USD, hubiera dicho que el pico del petróleo ya había pasado y que el WTI tendría una caída histórica, que incluso llevaría a que los futuros de mayo se tornaran negativos, lo más seguro que hubiera pasado es que los analistas y expertos, se hubieran reído de mí y tal vez mi carrera en el campo energético hubiera terminado sin haber comenzado.
Pero hoy cuando hemos visto las duras caídas que ha tenido el precio del petróleo, tanto que por primera vez en la historia de la Organización de Países Productores de Petróleo (OPEP) decidieron limitar a 500.000 barriles diarios el aumento de su producción en enero, en lugar de los dos millones inicialmente previstos, ese mismo comentario me hubiera convertido en el analista de riesgos financieros de la energía más prestigioso
Adicional a esto, la expectativa de que menos dólares entrarían a la economía colombiana hizo que el precio del mismo subiera rozando el techo de los cuatro mil pesos y manteniéndose sobre los tres mil ochocientos pesos colombianos en el transcurso del año. La caída del precio del petróleo y la subida del dólar tuvieron efectos que, en el caso de Colombia se relacionaron debido a que Colombia es un país cuyo mayor producto de exportación es precisamente el crudo. Por un lado, cuando el valor del petróleo se reduce Colombia recibe un menor pago en dólares por las mismas ventas. Esto tiene dos efectos: menos dólares circulan en el país y el Gobierno recibe menos ingresos.
El problema de fondo es uno, como ya está expuesto, Colombia es un país dependiente de la explotación y exportación de crudo. Esta tendencia del país de centralizar sus esfuerzos en explotar sus recursos más llamativos se refleja también en el sector eléctrico. Los datos son claros, a pesar de los enormes esfuerzos por diversificar la matriz de generación de energía por parte de la cartera del Ministerio de minas y energía, la generación hidráulica tiene el 68,36% de la participación de la generación de energía eléctrica en el país, según datos del operador de red XM SA ESP. Si bien desde 2018, el crecimiento de las Fuentes No Convencionales de Energía Renovable (FNCER) en la matriz de generación de energía eléctrica se ha multiplicado por siete ha hoy, el porcentaje de participación de estas energías es apenas el 1.25%.
Esta centralización se ha dado por dos razones, la primera es por temas de sostenibilidad ambiental, la generación de energía en las centrales hidroeléctricas hace que Colombia tenga una matriz de generación bastante amigable con el ambiente, y salvo los problemas por usos y cambio en el uso de suelos, los problemas ambientales no son motivo de gran preocupación. La segunda es por temas de seguridad energetica, la energía en firme que producen estas centrales garantiza energía veinticuatro horas del día, siete días de la semana, cuatro semanas al mes, doce meses al año al Sistema Interconectado Nacional (SIN), y cuando alguna de estas centrales falla, la modernización de las centrales termoeléctricas permite un respaldo de energía para evitar los trágicos efectos de la década del 1990.
El problema de esta centralización es un tema de equidad energetica. Gracias a que los asentamientos poblacionales de Colombia están en su mayoría las áreas andinas y en la costa del Atlántico el SIN tiene una cobertura superior al 90% de la población del país, sin embargo, las zonas que se salen de esta cobertura generalmente son sitios de amplio espacio geográfico conformados por cuerpos selváticos e hídricos como los departamentos de la amazonia el Orinoco y el pacifico colombiano y baja densidad demográfica, características que hacen que las inversiones para la ampliación del STR (Sistema de Transmisión Regional) y el SDL (Sistema de Distribución Local) sean muy elevadas y por lo general, inviables. Eso sin mencionar que la idea de grandes mega obras para centrales de generación está descartada desde el inicio, por temas ambientales, financieros y sociales.
La solución, sencilla pero potente, generación distribuida aprovechando el potencial de energías renovables del país.
Pero las renovables no solo tienen un efecto de equidad, para continuar, es necesario volver a quitar el romanticismo del lector y analizar el tema de la manera más objetiva buscando soluciones reales aplicables en el corto y mediano plazo, en un equilibrio entre lo económico y lo ambiental. Un lector hábil leerá esta como una contradicción mía y pensará que incito constantemente a dejar de lado el romanticismo ambiental y ahora quiero proponer un equilibrio que hace años solo sonaba ideal en la teoría, pero se veía bastante alejado en la práctica.
Sin embargo, retomemos la tesis del inicio el Build Back Better de Biden, porque justamente este es el momento para hacerlo, un momento cuando el petróleo ya ve el fin de su auge, y las grandes compañías petroleras ahora tienen su atención en las energías renovables, como Total, BP, Repsol y Eni. Podemos decir como dijo Tom Randall y Hayley Warren de Bloomberg que los rayos de sol son el nuevo petróleo.
El Build Back Better del sector energético de Colombia, debe plantearse una transición energetica de las fuentes convencionales de energía a las fuentes no convencionales y a las fuentes no convencionales de energía renovables, además de una diversificación de su matriz. En otras palabras, una liberalización de la energía, una que permita la competencia entre empresas energéticas vea a la demanda como agente de participación en el mercado de energía y permita al consumidor volverse un prosumidor, es decir un consumidor que decide invertir en sistemas de generación a pequeña escala, generalmente sistemas fotovoltaicos para su autoconsumo, pero cuando el mismo consumidor decida entregar a la red excedentes de energía.
Esta liberalización permitiría una regulación de precios para el usuario final, una reducción de costos en operación y mantenimiento para las generaciones y un alivio para el sistema en horas pico de consumo lo que significa más seguridad energetica.
Afortunadamente, el ministerio de minas y energía en cabeza de Diego Mesa Puyo, ha sabido entender muy bien estos retos y tiene claro cuál es el camino que debe seguir Colombia para superar los efectos económicos de la pandemia e impulsar una recuperación económica basada en el desarrollo de proyectos energéticos ambiental y financieramente sostenibles. Y es que actualmente Colombia es el país más atractivo de la región para invertir en esta clase de proyectos, debido a una regulación que le permite a la iniciativa privada, con las herramientas que ha dispuesto el Estado, con los descuentos tributarios y con los incentivos de promoción la realización de estos proyectos.
El ejemplo más cercano es la granja solar del Espinal, Tolima, construida por Celsia, empresa filial del grupo Argos y el grupo londinense Cubico Sustainable Investments, quienes hicieron una inversión de $36 mil millones, creando doscientos nuevos empleos de los cuales el 85% son para personas del municipio. Este proyecto está construido en 17 hectáreas en las que se distribuyen cerca de 38.000 paneles, con una potencia instalada de 9.8 MW, es decir una producción de energía limpia equivalente al consumo de 8.200 familias. El 31% de la energía que se genera en esta planta inaugurada el pasado 9 de diciembre de 2020, se le entregará a la planta de arroz del Grupo Diana, con la que podrá llevar a cabo la producción de 94.600 toneladas de arroz con energía renovable, y el resto de la energía generada entrará directamente al SIN (Sistema Interconectado Nacional), para consumo de todos los colombianos.
