Las dos caras de la cuarentena

Por. José Luis Mayorga G. – Periodista / Defensor de Derechos Humanos

“Decidir entre la posibilidad de enfermarnos de coronavirus o ver día a día como nuestros hijos sufren de hambre, esa es nuestra angustia”

La solución para vencer el Covid 19 depende de nosotros, por eso debemos estar tranquilos en casa sin salir para nada, se escucha decir desde los diferentes estamentos gubernamentales, sean distritales, regionales o nacionales, el mundo necesita del sacrificio de todos para que mañana podamos volvernos a abrazar sin temor a contaminarnos, y esto sería lo ideal y de pronto podrá ser posible en un país donde la miseria, el hambre y la desigualdad social no sea tan grande como en Colombia, y por supuesto que es muy fácil decretar cuarentenas, aislamientos obligatorios o voluntarios por los señores que ostentan el poder y que nunca han sabido lo que es acostarse con el estómago vacío porque no hubo dinero para comprar una panela y prepararles a sus hijos aunque sea una simple agua de panela para que se duerman con la barriga caliente.

Y esta situación está generando en Colombia las dos caras de la cuarentena, pero mientras los gobernantes dan instrucciones, sacan decretos, y por supuesto elevan promesas y las manifiestan públicamente para quedar bien y demostrar que están trabajando en beneficio de las clases menos favorecidas intentando presentarse como los buenos, la otra parte de la población la que conforma más de un 60 por ciento que vive del día a día, y la que en la realidad no ve llegar a sus manos las ayudas prometidas no está cansada del encierro y no es irresponsable como se le quiere hacer ver, está es cansada que una vez más en Colombia las tragedias sirvan para que los politiqueros de siempre prometan y no cumplan, y que aquellos empresarios de las desgracias y corruptos de siempre se queden con el poco dinero o ayudas que deberían ser distribuidas entre la gente que realmente lo necesitan.

En especial Bogotá se está convirtiendo en una bomba de tiempo, y ya es hora de que el gobierno distrital y el gobierno nacional tomen con seriedad los brotes de rebeldía que empiezan a presentarse en las diferentes localidades de la ciudad capital. Ciudad Bolívar una de las localidades con mayor población de la ciudad y donde un 80 por ciento de sus pobladores fueron desplazados de sus regiones por los grupos armados al margen de la ley o por las mismas Fuerzas Militares del Estado durante el conflicto armado es un ejemplo de ello y hoy, en esta cuarentena está viviendo uno de sus más difíciles momentos, “nos está tocando decidir entre la posibilidad de enfermarnos de coronavirus por salir a buscar la comida para nuestras familias o ver día a día como nuestros hijos lloran al sentir hambre”, esa es nuestra angustia y es lo que nos va llevar a hacer lo que sea necesario por sobrevivir, manifestó una habitante del sector conocido como la invasión de los Costeños. Pero en nuestro recorrido por esta localidad fueron muchos los hombres y mujeres que se mostraron decepcionados por el engaño que han venido siendo objetos por parte de la administración “A nosotros no nos ha llegado ni un grano de arroz, aquí todos vivimos del rebusque diario y por supuesto no estamos en ninguna de esas listas de las que dicen que se les va a entregar de a $160.000 pesos y mucho menos tenemos cuentas en bancos, aquí nos tratan como si fuéramos lo peor únicamente porque somos gente humilde que ha llegado a esta localidad por diferentes situaciones” indico Andrea una joven madre de la invasión El Espino de Ciudad Bolívar, que orgullosamente y a pesar de su difícil situación mostraba como en su casa de 6 metros cuadrados elaborada en tejas de Zinc, palos y algunos cartones viven seis personas de las cuales por culpa de la cuarentena ninguna puede salir a trabajar y ya se les agotó lo poquísimo que tenían, ahora no sabemos cómo vamos a sostenernos.

Pero también se puede observar como en la capital colombiana se dan los más grandes contrastes y mientras en estas zonas del sur se siente el hambre en el ambiente, al otro extremo de la ciudad donde siempre han vivido las familias que históricamente han dominado económica y políticamente el país, se refleja una tranquilidad pasmosa, no se ve un alma en la calle, todo es silencio únicamente interrumpido por el ruido de las motos o carros que traen los grandes domicilios con mercados que servirán para abarrotar las grandes neveras que ocupan casi el mismo espacio de las casa de aquellos seres humanos que han sido golpeados por el destino, el Estado y la guerra.

Hora a hora se están llenando algunas calles de diferentes barrios bogotanos de hombres, mujeres, niños y ancianos quienes reclaman del Estado colombiano que ya que no les hace llegar las ayudas prometidas tampoco los sanciones por salir a buscar el alimento de sus familias y es que si es cierto que es importante protegerse para evitar el contagio del Covid 19, no es menos cierto que las sanciones en dinero que les están imponiendo a las personas por salir de sus casas son impagables, porque si no tienen $1.000 para comprar una libra de arroz, menos tendrán aproximadamente un millón de pesos para cancelar el comparendo que se les hace por incumplir la cuarentena obligatoria. Y frente a esta situación de reclamo el gobierno no puede cada que se presente una manifestación por hambre o por pedir que los corruptos de siempre no se roben el dinero de las supuestas ayudas salir a reprimir con gases lacrimógenos o a bala como sucedió en días pasados porque llegará el momento en que la gente no soporte más abusos y estalle la bomba social que existe en Colombia.

La rebeldía social se está convirtiendo en una bola de nieve que parece no detenerse y al son del ritmo de tambores, de gritos en contra del gobierno tanto distrital como nacional, de plantones frente a las alcaldías locales, personas de las diferentes comunidades solo esperan escuchar si la cuarentena se prolonga o no, si se les va a dejar salir a rebuscarse la vida o los seguirán multando, porque de esto depende la decisión de que haremos, “de ser necesario caminaremos con nuestros niños y abuelos y dormiremos en la Plaza de Bolívar, frente a la Alcaldía de la doctora Claudia y el palacio donde vive el presidente Duque” señaló una mujer se sesenta años quien pidió no ser nombrada por temor a represiones, y terminó señalando, “para nosotros el virus puede ser o no ser, en cambio el hambre es una realidad que nos toca todo el tiempo, por eso los ricos ven esta pandemia diferente a los pobres”.