Cárceles Cielo o Infierno

Foto: AgenciaRSF

«Si esta cárcel hablará generaría mucho dolor al país pero en especial a las familias de cientos de hombres que aquí fueron asesinados y descuartizados».

En los últimos días hemos leído en los diferentes medios de comunicación sobre la detención del director de la cárcel Nacional Modelo de la ciudad de Bogotá, Cesar Augusto Ceballos, por liderar una organización dedicada a la corrupción dentro de ese centro carcelario.

Pero la historia de la corrupción en las cárceles colombianas no es nueva, siempre se ha conocido y se ha hecho caso omiso a esta situación por parte de los entes responsables de proteger y cuidar a quien pierde su libertad, durante años esta cárcel ubicada en el corazón de la ciudad fue un botín de guerra entre paramilitares y guerrilla todo a la vista de directivas y cuerpo de custodia quienes por unos pocos billetes o en algunos casos por muchos billetes permitían la entrada de armas, drogas, licores y por supuesto con todo esto ingresaba el negocio de la prostitución. Si esta cárcel hablará generaría mucho dolor al país pero en especial a las familias de cientos de hombres que allí fueron asesinados y descuartizados para ser botados por las cañerías y así evitar encontrar literalmente el cuerpo del delito.

Ojalá este sea el momento para que el gobierno tome verdaderas políticas de Estado para solucionar el problema carcelario existente no solo en Bogotá si no en todas las cárceles del país, la falta de atención médica, el hacinamiento y la mala alimentación entre otros son los dolores y problemas crónicos existentes en el sistema penitenciario, los cuales han sido advertidos entre otros por la Defensoría del Pueblo y la Corte Constitucional que incluso ha dictado sentencias como la T133 del año 1998 que dice “Las cárceles son absolutamente infrahumanas, indigna de una persona cualquiera sea su condición, son motivo de vergüenza para un Estado que proclama su respeto por los Derechos Humanos”, pero a pesar de esto y habiendo pasado 21 años, las condiciones de las cárceles colombianas son iguales o peores que antes de esta sentencia y el único responsable es el Estado.

Y no se trata de pensar únicamente en acabar con una institución, debe pensarse que mientras existan estas condiciones de violación de derechos humanos para los reclusos y se permita que la guardia y los directores de cárceles tengan más mentalidad policial que de recuperación social del ser humano que ha caído allí en desgracia nada se solucionara sin importar quién o que entidad maneje los centros carcelarios. Y mientras el país sea un camino asfaltado para la corrupción donde se permite que los pocos corruptos que caen presos tengan beneficios y no se les quite el dinero que han logrado acumular durante su ilícito, las cárceles, los ministerios, los institutos, las alcaldías, gobernaciones y el mismo palacio presidencial estará plagado de gente que vea en el cáncer de la corrupción una forma rápida de conseguir dinero fácil. Colombia se ha convertido en el país donde pasa de todo pero no pasa nada, porque la impunidad es tanta y los que gobiernan jamás legislaran en su contra que los que llegan a ejercer altos cargos en los diferentes gobiernos solo piensan en saquear el botín del erario para su beneficio personal.

Pero en las cárceles igual que fuera de ellas se puede observar como los señores que tienen recursos económicos se pasan las leyes por la faja y son los humildes quienes tienen que pagar las consecuencias reales de su condición económica. En las cárceles estos corruptos que las manejan son capaces de ofrecer y vender la tranquilidad a los internos, teniendo dentro de sus ofertas celulares con o sin datos, cualquier tipo de trago, ingreso entre semanas de prostitución barata o de prepagos de alto valor económico; todo depende de la capacidad financiera del cliente o de los cargos públicos que haya tenido y por lo mismo su capacidad de influir en los niveles directivos de las prisiones.

En definitiva mientras no se adopten medidas de dignidad como lo ha pedido la Corte Constitucional y la Defensoría del Pueblo, las cárceles continuaran siendo Cielo o Infierno de acuerdo con el delito cometido y la capacidad económica o de influencia social de la persona que ha perdido su libertad y mientras el delito siga siendo un problema social, mientras continúe el hambre, el desempleo, la falta de educación y salud, podrán construir mil cárceles; siempre estarán llenas.

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