El futuro de Colombia también es nuestro

“Pensar en el posconflicto es construir el presente entre todos sobre la base de la superación del pasado”

Que exista conflicto no es el problema, como se resuelve sí. Es necesario tener claro cuando se trata de entender el conflicto que lo primero es no satanizarlo y lo segundo no reprimir los sentimientos frente a la situación por temor al castigo. El conflicto debe entenderse como una forma de crecer, avanzar, de transformar la realidad de manera positiva. En muchos casos la represión del conflicto evita la violencia de manera transitoria, pero el conflicto estará ahí presente haciendo alarde de relaciones injustas y opresivas o de sentimientos de odio y resentimiento agazapado para a la larga explotar como olla de presión de manera violenta y destructiva.

Cuando se habla de violencia, de conflicto no hay que pensar en la unicausalidad porque se corre el riesgo de pasar por alto, de no analizar causas importantes que han contribuido a su existencia, es mejor pensar en la múltiple causalidad y comenzar a identificar las generadoras, las que interactúan entre sí y las que predominan sobre las otras. Esta lógica nos permitirá entender lo que está sucediendo y buscar colectivamente las salidas más civilizadas y constructivas. Si pensamos en como cada uno de nosotros soluciona los problemas personales, familiares y sociales y comenzamos a actuar de manera honesta y asertiva para resolverlos podemos tener una vida digna, en paz y responsable con Colombia.

“No hay camino para la paz, la pasa es el camino” decía Gandhi y parodiando este sabio pensamiento podríamos decir que el posconflicto no puede ser visto como la vasija llena de monedas de Oro que cuidan los duendes al final del Arco Iris, ni como el momento paradisiaco de la solución del conflicto que inicia luego de la firma de un compromiso entre dos o más partes como es el caso actual colombiano. Así como las mesas de conversaciones con el “ELN y los encuentros de negociación o rendición con otros grupos al margen de la ley en ocasiones transitará en medio de complejas situaciones que podrán incluir enfrentamientos militares, asesinatos, amenazas y la continuación del desplazamiento forzado, las tareas y desarrollos que se vivirán luego de los acuerdos y acogimientos deben venir YA! Proyectándose para no caer en la inercia y el desinterés que se vivió en el caso de los acuerdos con las FARC, a quienes una vez firmaron y entregaron las armas no les ha sido el camino hacia la reintegración a la vida civil y menos a la vida política y por el contrario se inicio una carrera por parte de diferentes sectores por aniquilarlos política y físicamente.

“Que nadie se haga ilusiones de que la simple ausencia de la guerra aun siendo tan deseada, sea sinónimo de una paz verdadera. No hay verdadera paz si no viene acompañada de equidad, justicia, solidaridad amor y libertad” fueron las palabras del papa Juan Pablo II, y en Colombia se pueden aplicar resaltando que no se llegará a la Paz Total por más diálogos y firmas en pomposos escenarios si no se le suma la educación, salud, vivienda, respeto por la vida, lucha contra la corrupción, garantías políticas para la oposición, reforma agraria y una verdadera justicia y reparación a las víctimas del conflicto armado entre otros temas.

Visto así, el tema de la Paz Total y su inherente posconflicto va a requerir de la voluntad decidida de todos, convirtiendo este gran propósito en interés nacional sin importar sesgos ideológicos y que una vez más Colombia logre ser vista como un ejemplo de reconciliación por el mundo mediante una realidad que vaya más haya de la vanidad presidencial como en el pasado, y mejor sea vista  por una realidad que en esta ocasión si logre superar las causas estructurales del conflicto, dejando atrás la pobreza, el analfabetismo, la exclusión y la inequidad, porque el futuro de Colombia no debe ser de unos cuantos, el futuro de Colombia debe ser para todos, el futuro de Colombia también es nuestro.

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