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Normalizar la violencia en Sinaloa

Por. Filiberto Cruz Monroy

Foto: Sinaloa’s Secretary of Securty /AFP

“Ya negocian con el gobierno estadounidense declararse culpables a cambio de una condena corta”

En Sinaloa hay que estar a ‘salto de mata’ hasta para ir a la tienda de la esquina. La gente de Culiacán, Navolato, Elota, Badiraguato, Mocorito y Cosalá revisan todas las mañanas las noticias para saber por dónde hay o hubo una balacera o si los narcotraficantes bloquearon las carreteras como ocurrió este fin de semana.

En las últimas horas, fueron asesinadas más de 20 personas. Cifras obtenidas de reportes periodísticos y de la Fiscalía General del Estado advierten que, del 1 al 24 de octubre, al menos 157 personas fueron asesinadas. Sin embargo, desde que la violencia comenzó en el estado el cálculo se eleva hasta 289 homicidios dolosos. Pero hay decenas de desaparecidos así que los números aumentarán sin ninguna duda.

La guerra entre las facciones de “Los Mayos” y “Los Chapitos” continúa a pesar del despliegue de la Secretaría de la Defensa Nacional y la Guardia Nacional en la zona. A pesar de la captura de líderes y de sicarios de ambos bandos la violencia sigue e inclusive se ha incrementado. Parece que a nadie espantan los miles de soldados desplegados en la zona. Hace unas horas ambos bandos intercambiaron insultos a través de narcomantas y volantes. Horas después apareció una cabeza metida en una hielera con un mensaje para los Chapitos.

Mientras tanto, en Estados Unidos se pelea la batalla legal que dio origen a este enfrentamiento. Por un lado, comenzó el juicio de Ismael “El Mayo” Zambada a quien podrían condenar a pena de muerte y por el otro Joaquín y Ovidio Guzmán López, hijos de Joaquín “El Chapo” Guzmán, ya negocian con el gobierno estadounidense declararse culpables a cambio de una condena corta. Los hermanos les entregaron a las autoridades a “El Mayo”, el fantasma del narcotráfico en México.

Aunque suena muy extraño lo que más le molesta a los sinaloenses no es la violencia, (han vivido con ella durante muchos años), lo que de verdad los hace enojar es el intento de los gobiernos federal, estatal y local por minimizar la grave situación que enfrentan todos los días. Les molesta que en las mañaneras la presidenta Claudia Sheinbaum diga que la gente se siente más segura ahora que en 2018. Les enfada que el gobernador, Rubén Rocha Moya, diga que parte de la violencia viene de una campaña para desprestigiar a su gobierno o que se realice un concierto de Regina Orozco mientras Culiacán arde.

La gente entiende que la violencia la provoca el cártel de Sinaloa y comprenden que no existe una varita mágica para solucionarla. Lo que piden es empatía con la terrible situación que están viviendo y que se tomen acciones para lograr que la vida se desarrolle con un mínimo de normalidad. Obligar a que los estudiantes vayan a las aulas o que todos acudan a sus trabajos cuando en cualquier momento se puede desatar una balacera es inhumano. La única esperanza para los sinaloenses es que los narcos lleguen a un acuerdo y los dejen seguir con sus vidas. Qué triste esperanza.

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