Las dos caras de Cartagena
“La ciudad que ha servido de inspiración a escritores, y es patrimonio histórico de la humanidad, hoy vive entre los extremos sociales de la pobreza y la abundancia”
La ciudad de Cartagena continúa siendo uno de los sitios turísticos por excelencia en Colombia, no solo para los propios sino para los extranjeros aquellos que ven en las paradisiacas playas de esta ciudad el lugar perfecto para pasar vacaciones, vivir y porque no montar sus negocios, pero esta visión contrasta con una realidad dolorosa que muestra como la ciudad no es tan armoniosa para sus nativos.
Mientras los turistas se llenan de satisfacción conociendo la muralla y recibiendo la brisa marina mientras hacen sus recorridos por las hermosas calles coloniales llenas de casas multicolores, para luego visitar el famoso Castillo de San Felipe, y por supuesto la Torre del Reloj, son miles de cartageneros que sufren para conseguir lo del diario vivir, mientras en un extremo de la ciudad se observan los hoteles con las máximas comodidades ubicados a pocos pasos del mar, en el otro extremo se encuentran casas hechas de cartón cubiertas con plásticos o en el mejor de los casos con tejas de barro o cualquier otro material que le permita servir de techo donde sus habitantes se sientan seguros.
En esta ciudad que al caer la noche se convierte en un lugar de aventuras románticas, donde los turistas pueden gozar de un paseo en coches tirados por caballos que los transporta al pasado, también se vive la historia de Colombia en ocasiones contada por sus habitantes quienes señalan que cada rincón y cada monumento es un recuerdo a los hombres y mujeres valerosos que por medio de agotadoras batallas lograron la independencia de su querida Cartagena, esta es la ciudad de las playas bonitas, donde año tras año llegan miles de visitantes de toda parte del mundo, pero también es considerada una de las ciudades más pobres y con mayor desigualdad social en Colombia.
¿Pero entonces qué pasa en la ciudad, por qué tanta desigualdad?
La situación que padecen los cartageneros en gran parte obedece al mal manejo de los recursos de la ciudad por los diferentes políticos que han asumido mediante elección popular el manejo de la misma, la ciudad de Cartagena tiene el deshonroso récord de contar con 10 alcaldes en menos de una década lo que hace imposible planificar con seriedad los destinos de una ciudad y mucho más cuando en tan corto tiempo de administrar la ciudad algunos de sus alcaldes y funcionarios públicos han sido encarcelados por malos manejos del erario. Los escándalos políticos en Cartagena y la interinidad en la alcaldía asumida por algunos delegados del presidente de turno en Colombia llevan al traste el avance en materia social y económica de la ciudad.
Los investigadores Adolfo Meisel Roca y Jhorland Ayala García concluyen en su estudio sobre la pobreza en Cartagena “No basta con ser el primer destino turístico de Colombia”, “ni contar con el puerto marítimo que más mercancía mueve en el país, ni tener un boom industrial sin precedentes. La verdad es que el 29,1 por ciento de los cartageneros vive en condiciones de pobreza y el 5,5 por ciento en la pobreza extrema”. Los investigadores lograron identificar tres zonas de la ciudad donde se concentra esa situación: los barrios rodeados por la Ciénaga de la Virgen, el sector de la Loma de Albornoz y las faldas del histórico Cerro de la Popa, donde la miseria se vive en sus casas de materiales que muchas veces son recogidos de las basuras y donde en medio del polvo de sus calles sin pavimentar se crían y juegan los inocentes hijos de los pescadores y de la mayoría de vendedores ambulantes, lugares donde parece que no llegara la mano del Estado y mucho menos la presencia de aquellos políticos que solo se aparecen allí en campaña pero que tan pronto logran conseguir el voto de estas gentes se olvidan que existen.
Por otro lado y a muy poco tiempo se pueden observar las construcciones de grandes hoteles donde se albergan nacionales y extranjeros que visitan la ciudad heroica, pero quienes jamás se enteran de que en otro lado de la ciudad existen aquellas condiciones infrahumanas de vida. Ya que para ellos que van de paseo y diversión no es nada llamativo ese espectáculo de pobreza, y mucho menos para los empresarios y comerciantes que solo quieren mostrar la cara amable de Cartagena, aquellos que durante la visita del papa Francisco quisieron poner a lo Donald Trump una muralla para que el pontífice no alcanzara a divisar tanta pobreza en su recorrido.
Realmente esto es lo que pasa en la ciudad más turística de Colombia, la inequidad social es tan grande que el desconsuelo de las clases menos favorecidas y la falta de credibilidad en sus gobernantes los lleva a que todo parezca darles lo mismo, ellos lo único que tienen claro es que deben salir a diario hacia las playas no para gozarlas como lo hacen los turistas, si no para conseguir en medio del rebusque que llevar a sus casa para el diario medio vivir, por que aquí no se vive, se sobrevive manifestó Rosa, una mujer de 50 años que trabaja en las playas del Laguito haciendo masajes anti estrés a los turistas mientras su esposo y dos de sus hijos se rebuscan la vida en el mismo lugar vendiendo cerveza y alquilando sillas o parasoles.
Esto sucede y continuará sucediendo mientras el Estado no asuma políticas serias para controlar la corrupción y los entes de control no estén ejerciendo su función real, no para castigar si no para evitar que algunos inescrupulosos llenen sus bolsillos con el dinero público mientras las proyecciones sociales de la ciudad de Cartagena se dejan en el olvido.
“No podemos acostumbrarnos a este tipo de situaciones dónde el sector político es objeto de escándalos, para Cartagena tener ocho alcaldes en seis años es una verdadera tristeza, es la ciudad dónde los alcaldes en interinidad duran más que los elegidos y los promedios por alcaldes en los tiempos son los más cortos. Los ciudadanos eligen un plan de desarrollo y éste es el más afectado en su ejecución”, dijo Germán Zapata Vergara, exconcejal de la ciudad
Además recalcó que la situación es tan complicada que “hace que los ciudadanos se sientan frustrados y sin un rumbo. Debemos, los actores políticos, asumir una responsabilidad de ciudad, y los ciudadanos hacer un estricto análisis de cada una de las hojas de vida de los candidatos, tanto a cargos de corporación como a cargos uninominales, eligiendo a conciencia y así no tener que lamentarnos, ya que el desarrollo de los sectores sociales es quien sufre las consecuencias”, concluyó.
